El Hálito – capítulo 7

Capítulo 7

 

Aquel día cenamos pronto, esperando dormir lo máximo posible antes de tener que salir. La habitación era pequeña, con únicamente dos camas, pero nos apañamos para poder dormir. Descansamos hasta que comenzó a amanecer, nos despertó Talen.

  • Levantaros, tenemos que irnos – nos zarandeó para despabilarnos.

Cuando me incorporé vi a Elenna frente a la ventana. Su figura se recortaba con los primeros rayos del alba. Recogió su pelo mientras miraba a través del cristal y se volvió hacia nosotros. Parecía como si llevara varias horas despierta, seguramente Talen y ella habían pasado la noche hablando sin poder dormir, lo que me produjo una sensación de celo desconocida aún para mí. Unos segundos después deseché aquel sentimiento y me levanté.

Bajé las escaleras de la posada y al llegar a abajo vi a la señora. Se abrigaba con un estrecho pañuelo de flores que le cubría los brazos. Me miró desde la puerta sin decir una palabra mientras esperamos a que bajaran los demás.

  • ¿Cómo te llamas, chico? – Me preguntó con su rostro serio después de un largo silencio.

  • Zack – respondí con cautela pues aquella mujer infundía respeto y temor a la vez.

Hizo un gesto con la cabeza mientras me miraba fijamente y volvió el rostro hacia la calle. Gero, que bajó las escaleras a trompicones, me sacó de mi abstracción.

  • ¡Ah! … Casi me caigo – dijo agarrándose a la barandilla.

  • Ten cuidado – le dije mirando hacia la parte de arriba, esperando a los demás.

Cuando aparecieron y todos estuvimos en la puerta, Cecilya nos dirigió hacia las afueras de la ciudad, caminando junto a las paredes de los pocos edificios, intentando evitar el viento arenoso que se adentraba en las calles con furia aquella mañana.

Dejamos atrás el último edificio y seguimos a la mujer hasta una pequeña y abandonada estación de autobús que había en medio de aquel paraje, donde un extraño vehículo traqueteaba y despedía un oscuro humo por los tubos de escape.

El armatoste estaba formado completamente por placas de metal, exceptuando la luna de cristal de la parte de delante. Había algunas luces rojas que parpadeaban en la parte de arriba y el lateral estaba cubierto por una gran pegatina con un símbolo, que con el desgaste del tiempo se había vuelto ilegible. Tenía el tamaño de una furgoneta aunque distaba mucho de parecerse a ningún vehículo de ciudad.

Cuando nos acercamos al auto, el conductor asomó la cabeza por la ventanilla y Cecilya se acercó aún más para poder hablar con él. El viento soplaba fuerte en aquella zona y apear pudimos distinguir algo de lo que decían cuando de pronto el lateral del vehículo se abrió en dos puertas, mostrando el interior. El espacio de la parte de atrás era bastante grande, ocupado por varios estantes en las esquinas superiores y una mesa central, tenía todo el aspecto de ser una habitación desordenada. Había dos personas dentro sentadas sobre unas cajas de madera que nos hicieron un gesto con las manos para que subiéramos.

Me volví hacia Talen que estaba detrás mío y lo vi mirando hacia el oculto cielo, como si intentara escuchar por encima de la ventisca.

  • ¡Talen! – Intenté llamarlo sin éxito.

Elenna se acercó a nuestro amigo y le cogió de la mano para llamar su atención, entonces los dos se acercaron al vehículo y subieron. Yo esperé a que Sarith y Gero entraran también, cuando de repente un agudo silbido me paralizó y me hizo encogerme.

A aquel estridente sonido se unieron otros iguales haciéndonos tapar los oídos.

  • ¡Tenemos que irnos! – Gritó el conductor.

  • ¡Aah!

En aquel momento no podíamos ver más allá de un palmo frente a nosotros devido a la polvareda. Me intenté incorporar cuando de pronto me ví rodeado de balas antes de que las puertas se cerraran ante mí, cubriéndose de pequeñas abolladuras.

Me quedé inmóvil, con los ojos abiertos esperando a que una de aquellas balas me atravesara cuando el cuerpo de la anciana se desplomó a mis pies y me hizo darme la vuelta del susto.

Entonces vi como a pocos centímetros de mí, varios cuerpos irreconocibles me agarraban y arrastraban por la arena mientras oía el motor del vehículo alejarse. A los pocos segundos un contundente golpe me dejó inconsciente.

Deja un comentario